María José aparca su coche en la única calle principal de Villar del Pozo y no puede evitar sonreír ante la ironía. Desde su ventana puede ver las pistas de aterrizaje de un aeropuerto que una vez soñó con competir con Barajas, mientras que en todo el pueblo apenas se cruza con tres o cuatro vecinos durante su paseo matutino. “Es como vivir en una película surrealista”, cuenta esta vecina de 68 años que se mudó aquí hace una década buscando tranquilidad.
Su historia refleja la paradoja más curiosa de la España rural: un pueblo ciudad real con exactamente 47 habitantes que presume de tener su propio aeropuerto internacional. Una contradicción que resume, mejor que cualquier estadística, los contrastes del territorio español.
Villar del Pozo no es solo el municipio más pequeño de la provincia por número de habitantes. Es también el ejemplo perfecto de cómo las grandes infraestructuras pueden coexistir con la realidad más íntima y silenciosa de nuestros pueblos.
Cuando David convive con Goliat: la realidad de Villar del Pozo
Este pequeño municipio de la comarca del Campo de Calatrava alberga una de las paradojas más fascinantes de Castilla-La Mancha. Mientras sus calles permanecen prácticamente vacías durante gran parte del día, a pocos metros se extienden las modernas instalaciones del Aeropuerto de Ciudad Real, una infraestructura que costó más de 1.100 millones de euros y que fue diseñada para mover millones de pasajeros anuales.
“La mayoría de los días somos más los trabajadores del aeropuerto que pasan por aquí que los propios vecinos del pueblo”, explica Antonio García, alcalde pedáneo de Villar del Pozo desde hace seis años. “Es una situación única en España y probablemente en Europa”.
El contraste resulta aún más llamativo cuando se conocen los números. Este pueblo ciudad real cuenta con apenas 47 habitantes censados, aunque en realidad viven allí de forma permanente unas 35 personas. Sin embargo, en su término municipal se levanta una terminal aeroportuaria con capacidad para procesar hasta 10 millones de pasajeros al año.
La infraestructura, inaugurada en 2009 con grandes expectativas, ha atravesado diferentes etapas. Tras un periodo de inactividad comercial, actualmente funciona como aeropuerto de carga y centro de mantenimiento de aeronaves, dando empleo directo e indirecto a centenares de personas que cada día atraviesan las tranquilas calles del pueblo.
Los números que definen una paradoja
Para entender la magnitud de esta singular situación, basta con analizar algunos datos que parecen sacados de una novela de realismo mágico:
| Característica | Villar del Pozo | Aeropuerto Ciudad Real |
|---|---|---|
| Población/Capacidad | 47 habitantes | 10 millones pasajeros/año |
| Superficie | 39 km² | 2.400 hectáreas |
| Presupuesto anual | 85.000 euros | Varios millones de euros |
| Empleos | 2 empleos municipales | 300+ empleos directos/indirectos |
| Inversión inicial | Pueblo histórico | 1.100 millones de euros |
Esta disparidad de números cuenta una historia fascinante sobre las transformaciones del territorio rural español. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Villar del Pozo ha perdido más del 70% de su población en los últimos cincuenta años, siguiendo la tendencia de despoblación que afecta a gran parte de la España interior.
Las principales características del municipio incluyen:
- Una densidad de población de apenas 1,2 habitantes por kilómetro cuadrado
- Una edad media superior a los 65 años
- Apenas 23 viviendas habitadas de forma permanente
- Una economía local que depende principalmente de la agricultura y la ganadería extensiva
- Servicios básicos limitados: no hay farmacia, centro de salud, ni comercios
“Lo paradójico es que mientras nuestro pueblo se despuebla, tenemos al lado una infraestructura que podría conectarnos con cualquier lugar del mundo”, reflexiona Carmen Ruiz, presidenta de la asociación de vecinos. “Es como tener un Ferrari en el garaje pero ir andando a todas partes”.
El impacto real en la vida cotidiana
Para los habitantes de este pueblo ciudad real, la presencia del aeropuerto ha supuesto cambios profundos en su rutina diaria. El tráfico de vehículos pesados, los trabajadores que cruzan sus calles, y ocasionalmente el ruido de las aeronaves que utilizan las instalaciones para mantenimiento, han alterado para siempre la quietud tradicional de esta localidad manchega.
Sin embargo, los beneficios económicos directos para el municipio han sido limitados. “El aeropuerto está en nuestro término municipal, pero la mayor parte de los impuestos y tasas van a otras administraciones”, explica el alcalde pedáneo. “Nosotros recibimos algo, pero no es proporcional al impacto que genera”.
Los vecinos han desarrollado una relación ambivalente con su gigantesco vecino. Por un lado, reconocen que ha puesto su pueblo en el mapa y ha atraído cierta curiosidad mediática. Por otro, lamentan que no haya supuesto un revulsivo real para frenar la despoblación.
“Hay días que veo pasar más aviones de carga que coches por la calle”, comenta José Luis Martín, uno de los vecinos más jóvenes del pueblo, de 52 años. “Es surrealista, pero ya forma parte de nuestro paisaje cotidiano”.
El pueblo mantiene una estructura urbana típicamente manchega, con casas de una o dos plantas, calles anchas y una plaza central donde se concentra la escasa vida social del municipio. La iglesia parroquial del siglo XVI y algunas construcciones tradicionales contrastan visiblemente con las modernas instalaciones aeroportuarias que se divisan al fondo.
Los servicios públicos básicos funcionan a pequeña escala: un consultorio médico que abre dos días por semana, un autobús escolar que recoge a los pocos niños del pueblo para llevarlos al instituto de Miguelturra, y una conexión de internet que ha mejorado considerablemente gracias a las necesidades del propio aeropuerto.
Para el futuro, los vecinos de Villar del Pozo mantienen un optimismo cauteloso. “Sabemos que nuestro pueblo nunca volverá a tener los 200 habitantes que tuvo en los años sesenta”, admite Antonio García. “Pero esperamos que la actividad del aeropuerto, aunque sea diferente a la inicialmente prevista, nos ayude al menos a mantener los servicios básicos y a no desaparecer del mapa”.
Esta pequeña localidad representa así uno de los casos más singulares de la geografía española: un pueblo que, paradójicamente, tiene más proyección internacional a través de su aeropuerto que muchas ciudades de tamaño medio, pero que lucha día a día por mantener viva su identidad rural y su comunidad de vecinos.
FAQs
¿Cuántos habitantes tiene exactamente Villar del Pozo?
Según el último padrón municipal, cuenta con 47 habitantes censados, aunque la población real que vive permanentemente en el pueblo ronda las 35 personas.
¿El aeropuerto está en funcionamiento actualmente?
Sí, aunque no opera vuelos comerciales regulares. Funciona principalmente como aeropuerto de carga y centro de mantenimiento de aeronaves, con actividad regular.
¿Cómo afecta económicamente el aeropuerto al pueblo?
El impacto económico directo es limitado, ya que la mayoría de impuestos van a otras administraciones. El pueblo recibe algunas compensaciones pero no proporcionales al tamaño de la infraestructura.
¿Es posible visitar Villar del Pozo como turista?
Sí, es un pueblo abierto al público. Muchos visitantes llegan atraídos por la curiosidad de esta paradoja geográfica, aunque no cuenta con infraestructura turística desarrollada.
¿Qué servicios públicos tiene el pueblo?
Cuenta con servicios básicos muy limitados: consultorio médico dos días por semana, autobús escolar y suministros básicos. No tiene farmacia, comercios ni centro de salud permanente.
¿Hay planes para revitalizar demográficamente el pueblo?
Las autoridades locales trabajan en mantener los servicios básicos y aprovecha la presencia del aeropuerto, pero reconocen que la recuperación demográfica es muy compleja en el contexto actual de la España rural.