En la actual coyuntura económica, marcada por la incertidumbre y el alza en los precios de la energía, millones de familias en España están enfrentando una realidad cada vez más difícil: la pobreza energética. El dato es revelador y preocupante: 8 de cada 10 hogares en España ha reducido el uso de la calefacción en los últimos meses como medida para ahorrar en la factura energética. Esta tendencia no solo refleja una estrategia de supervivencia doméstica, sino también una señal de alarma sobre el acceso justo y equitativo a servicios básicos como el suministro de calor durante el invierno.
Este fenómeno, que antes afectaba a un nicho minoritario y vulnerable, hoy se ha extendido incluso a capas medias de la población, transformándose en una cuestión de salud pública y de transferencia de recursos en forma de subsidios y ayudas sociales. Las proyecciones para 2026 no son optimistas: de no adoptarse medidas estructurales, la brecha energética podría seguir creciendo, arrastrando a más hogares al riesgo de vivir con frío en invierno y calor en verano sin poder costear medidas térmicas adecuadas.
Panorama actual de la pobreza energética en España
| Indicador | Datos clave (2023) |
|---|---|
| Hogares que usan menos calefacción por costes | 80% |
| Hogares en situación de pobreza energética | 15,4% (aprox. 5 millones de personas) |
| Coste medio anual energético | 1.500€—1.800€ |
| Previsión de aumento de usuarios en riesgo 2026 | +12% si no se toman medidas |
Qué ha cambiado en el uso de calefacción en los hogares
Hasta hace unos años, las preocupaciones energéticas quedaban en segundo plano frente a otras prioridades económicas del hogar. Sin embargo, el aumento sostenido de los precios del gas natural y la electricidad desde la crisis energética de 2021, agravados por factores como la inflación y la invasión rusa en Ucrania, han invertido esta dinámica. Miles de familias han optado por limitar el uso de calefacción, incluso en días particularmente fríos, como método primario de ahorro.
Según los últimos estudios, esta situación se ha convertido en estructural: no es simplemente una medida temporal, sino una transformación de hábitos impulsada por la necesidad. Lo alarmante es que estos recortes en calefacción no siempre conllevan beneficios reales en la economía familiar, ya que deriva en mayores gastos sanitarios por enfermedades respiratorias o en un rendimiento menor en el entorno educativo y laboral del hogar.
“Estamos viendo que el frío en casa ya no es un problema exclusivo de familias vulnerables, sino también de trabajadores que no llegan a fin de mes.”
— María Santana, Investigadora en vulnerabilidad energéticaAlso Read
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Quiénes se ven más afectados y por qué
Los hogares monoparentales, especialmente encabezados por mujeres, las personas mayores que viven solas y los hogares con menores son los grupos demográficos más castigados por la pobreza energética. Además, las viviendas antiguas, mal aisladas y sin sistemas de calefacción eficiente presentan una combinación peligrosa que multiplica el riesgo de exclusión térmica.
Por otra parte, los hogares situados en zonas frías del interior peninsular como Castilla y León, Aragón o La Rioja, son los que requieren más energía para mantenerse en condiciones saludables durante el invierno. Estos mismos territorios son donde el esfuerzo energético —porcentaje del salario destinado al pago de suministros— alcanza picos alarmantes, por encima del 15% del ingreso mensual en muchos casos.
Por qué 2026 es una fecha clave para revertir la situación
La legislación europea impone a los estados miembros una serie de objetivos de descarbonización y eficiencia energética que tienen como fecha límite el año 2030. Para cumplirlos, España debe duplicar sus esfuerzos antes de 2026 en mejoras térmicas de viviendas, despliegue de energías renovables y apoyo a consumidores vulnerables.
Si no se invierte en adaptación del parque de viviendas —el 55% del cual fue construido antes de 1980 y sin criterios de eficiencia energética—, los pronósticos prevén que para 2026 más de 6 millones de personas podrían verse afectadas por pobreza energética. Las consecuencias serían sanitarias, económicas y sociales: enfermedades aumentadas por bajas temperaturas domésticas, retraimiento del gasto en otros sectores e incluso un impacto directo en la brecha educativa de los más jóvenes.
“El reto de 2026 es construir un escudo social y térmico al mismo tiempo. No solo ayudas, también aislamientos, renovables y equidad urbana.”
— Carlos Junquera, Arquitecto y consejero en eficiencia energética
Medidas que se están tomando (y qué falta por hacer)
Algunas comunidades autónomas están desarrollando programas para la rehabilitación energética de viviendas e incentivos a instalaciones solares, como parte del Plan de Recuperación financiado por la Unión Europea. Además, se han fortalecido los bonos sociales para electricidad y gas, pero su cobertura todavía es limitada.
Según organizaciones sociales y expertos en energía, falta una estrategia nacional más contundente que articule inversiones, normativas urbanas y reformas fiscales para facilitar la transición energética desde una óptica social. También se hace urgente llegar directamente a los hogares aislados del sistema de ayudas por fallos administrativos o desconocimiento.
Quiénes ganan y quiénes pierden en este escenario
| Ganadores | Perdedores |
|---|---|
| Empresas de soluciones energéticas renovables | Hogares sin recursos para mejorar su eficiencia |
| Consumidores con acceso a bonificaciones/ayudas | Personas mayores en viviendas mal adaptadas |
| Proveedores eléctricos que diversifican a renovables | Inquilinos que no pueden modificar su entorno térmico |
Cuáles son los derechos ciudadanos frente a esta situación
La pobreza energética no debe entenderse solamente como un asunto económico, sino como una vulneración directa del derecho a una vivienda digna y a condiciones de vida saludables. Según la normativa europea, todos los ciudadanos deben poder mantener su vivienda con una temperatura mínima adecuada entre 18º y 20º en invierno y protegerse frente al calor extremo del verano.
En España, esta visión está contemplada en la futura Ley de Vivienda y en la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética. Sin embargo, su puesta en práctica real dependerá del presupuesto, del trabajo conjunto entre administraciones y de la colaboración del sector privado para extender soluciones como tejados solares compartidos o alquileres energéticamente eficaces.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Qué se considera pobreza energética?
Es la situación en la que un hogar no puede satisfacer sus necesidades básicas de calefacción, refrigeración y electricidad por razones económicas o de infraestructura deficiente.
¿Cómo saber si mi hogar está en riesgo de pobreza energética?
Si gastas más del 10% de tus ingresos en energía, sientes frío en casa pese a tener calefacción o dejas de usarla por motivos de coste, podrías estar en una situación de pobreza energética.
¿Qué ayudas existen actualmente en España?
Existen el bono social eléctrico, el bono térmico y ayudas autonómicas para rehabilitación energética, siempre que cumplas ciertos requisitos de ingresos.
¿Es legal cortar la calefacción a un inquilino en invierno?
No. Debe garantizarse un mínimo de condiciones térmicas en cualquier contrato de alquiler, y el abuso puede ser motivo de denuncia o penalización.
¿Qué medidas puedo tomar en casa para ahorrar sin pasar frío?
Revisar aislamiento de ventanas, colocar burletes, usar alfombras, cerrar puertas de estancias inutilizadas y programar el termostato entre 19-21ºC.
¿Hay mejoras fiscales por hacer obras energéticas en casa?
Sí, existen deducciones en el IRPF por obras que mejoren la eficiencia energética si están acreditadas por certificado energético oficial.