Una nueva radiografía social y económica sacude la percepción sobre la vejez en España: más del 55% de las personas mayores de 55 años reconoce que ayuda económicamente a sus familias. Así lo revela el último estudio de Mapfre, que pone el foco sobre un fenómeno creciente: los mayores no solo mantienen su independencia, sino que sostienen financieramente a hijos, nietos y otros vínculos familiares. Esta tendencia se está consolidando como una respuesta directa a la creciente presión económica sobre los hogares, los bajos salarios y el alza del coste de vida.
Lejos de responder al estereotipo de “jubilado dependiente”, este grupo etario se posiciona como un pilar fundamental del tejido familiar y social. Los mayores no solo no resultan una carga económica, sino que se convierten en un motor de apoyo clave en un contexto marcado por la inflación, la precariedad juvenil y la dificultad para formar un hogar. El informe no solo arroja cifras impactantes sobre el volumen de ayuda, sino que también explora las motivaciones, implicaciones y desafíos que esta situación conlleva tanto para ellos como para las generaciones más jóvenes.
Panorama general del apoyo económico de los mayores de 55 años
| Aspecto | Datos clave |
|---|---|
| Porcentaje que ayuda económicamente | 55% de los mayores de 55 años |
| Motivos principales de la ayuda | Crisis económica, dificultad de emancipación, desempleo juvenil |
| Formas de ayuda más comunes | Pago de alquiler, alimentos, educación, cuidado de nietos |
| Percepción de los mayores | Orgullo por poder ayudar, acompañada de cierto desgaste emocional o financiero |
| Relevancia para la economía informal | Clave en la estabilidad financiera de miles de hogares |
Por qué los mayores se han convertido en el soporte económico de sus familias
La transformación económica de las últimas décadas ha alterado la dinámica familiar tradicional. El estudio apunta como causantes a una combinación de factores: el empobrecimiento de la clase media, el estancamiento salarial, la temporalidad laboral y la dificultad creciente de los jóvenes para acceder a viviendas propias. Frente a este panorama, los mayores de 55 años —particularmente aquellos jubilados o con ahorros— emergen como un salvavidas económico ante la inestabilidad de las nuevas generaciones.
La brecha intergeneracional en términos de patrimonio también juega un rol determinante: muchos hogares jóvenes apenas logran cubrir sus necesidades básicas, mientras que los mayores acumularon ahorros, propiedades o pensiones fortalecidas precrisis. Este desfase ha derivado en una presión continua sobre muchos padres y abuelos para seguir apoyando financieramente incluso después de jubilarse.
“Lo hacemos por nuestros hijos y nietos, porque vemos que lo necesitan. Nos han ayudado cuando éramos jóvenes, y ahora nos toca a nosotros.”
— María Luisa, jubilada de 67 añosAlso Read
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De qué formas contribuyen económicamente los mayores
El informe de Mapfre desglosa cómo se concreta esa ayuda. La forma más común es el apoyo directo en dinero mensual, seguido por coberturas específicas como el pago del alquiler o hipoteca, gastos escolares, alimentación y apoyo en momentos críticos como desempleo o separaciones. También se incluye el cuidado de nietos, que si bien no implica una transacción monetaria directa, representa un valor económico incuestionable.
Muchas veces, esta ayuda no se percibe como “obligación”, sino como una extensión natural del rol familiar. Sin embargo, en ciertos casos, también puede generar tensiones, sobre todo cuando los recursos son limitados o cuando los mayores sienten que esa colaboración se da por sentada.
El impacto emocional y financiero de esta ayuda
Ayudar económicamente conlleva satisfacción, pero también ciertas cargas. El estudio revela que aunque un alto porcentaje de los mayores sienten orgullo de poder colaborar, también hay quienes manifiestan preocupación porque sus ahorros se agotan y temen no tener suficiente para su propio cuidado futuro.
En situaciones donde la ayuda es sostenida durante largos periodos, muchos mayores experimentan estrés financiero e incluso deterioro emocional. La presión por ayudar, combinada con la necesidad de mantener cierto nivel de vida autónomo, puede conducir a una dualidad compleja: ayudar y seguir siendo independiente.
“Estamos felices de poder aportar, pero a veces sentimos que no hay marcha atrás. Hay temor a enfermar o necesitar ayuda y no contar con recursos.”
— Tomás, 72 años, pensionista
¿Qué implicaciones tiene para la sociedad este fenómeno?
Lo que podría parecer una simple dinámica familiar tiene implicaciones sistémicas. Este fenómeno refuerza la necesidad urgente de revisar cómo se distribuye la riqueza en España y qué políticas se aplican para proteger a los grupos vulnerables. Si bien los mayores están aliviando la presión socioeconómica, también están asumiendo una función que debería corresponder en mayor medida al tejido institucional y al mercado laboral.
El papel del mayor como “rescatador familiar” visibiliza dos realidades paralelas: por un lado, la solidez de muchos planes de pensiones del pasado; por otro, la fragilidad del presente y futuro económico de los jóvenes. Esto pone sobre la mesa la necesidad de fomentar oportunidades reales de independencia económica para los hijos y nietos, reduciendo la sobrecarga generacional.
Qué se puede aprender de esta nueva figura del mayor como pilar invisible
Los adultos mayores no son un grupo homogéneo ni pasivo. Son protagonistas activos de la economía doméstica y social. Su aporte —muchas veces silenciado— demuestra que, lejos de retirarse de la vida activa, siguen desempeñando un rol fundamental en la cohesión familiar, tanto a nivel financiero como emocional.
El Estado, los empleadores y la sociedad civil deben reconocer este rol invisible y adaptar políticas para apoyar a quienes ya han cumplido su vida laboral. Incentivar un envejecimiento digno, con recursos y autonomía, al tiempo que se reducen las fricciones generacionales, debe ser un objetivo prioritario.
Preguntas frecuentes sobre la ayuda económica de los mayores de 55 años
¿Qué porcentaje de mayores de 55 años ayuda económicamente a su familia?
Según el estudio de Mapfre, el 55% de los mayores de 55 años proporciona algún tipo de ayuda económica a familiares directos, especialmente hijos y nietos.
¿Cuál es la forma más común de ayuda?
La forma más frecuente de ayuda es el envío regular de dinero, seguido por el pago de gastos específicos como vivienda, alimentación o estudios, y el cuidado de nietos.
¿La ayuda es voluntaria o forzada por la situación económica?
En la mayoría de los casos es voluntaria y responde al deseo de apoyar a la familia. Sin embargo, también influye la presión por parte de las circunstancias económicas precarias de sus hijos o nietos.
¿Supone un riesgo financiero para los mayores a largo plazo?
Sí, sobre todo si no se gestiona con prudencia. Muchos mayores agotan ahorros personales o limitan sus propias actividades para poder seguir ayudando, lo que puede afectar su estabilidad futura.
¿Este fenómeno ocurre solo en España?
No. Aunque el estudio es nacional, fenómenos similares se han reportado en países europeos y latinoamericanos donde la estructura familiar es solidaria y la estación económica lo requiere.
¿Existe apoyo institucional para estos mayores que ayudan a sus familias?
Las políticas actuales no contemplan ayudas específicas para mayores que sostienen económicamente a sus familias, aunque se empieza a debatir sobre incentivos fiscales o programas de alivio financiero.