La red ferroviaria europea atraviesa una compleja crisis logística que amenaza con estrangular el transporte de mercancías a larga distancia. Mientras que el transporte por carretera se enfrenta a crecientes desafíos regulatorios, medioambientales y de costes, el tren —largamente aclamado como la alternativa sostenible— se hunde en un caos operativo sin precedentes. Retrasos crónicos, falta de infraestructura modernizada y obras inconclusas dificultan el tránsito fluido de mercancías, especialmente en rutas hacia el norte de Europa desde la Península Ibérica.
Este colapso llega en un contexto de creciente presión para reducir las emisiones del transporte terrestre, que representa alrededor del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero en Europa. Las empresas que dependían del ferrocarril para exportar productos desde España hacia Alemania, Francia o los países del Benelux, se ven obligadas a redoblar esfuerzos logísticos o volver al camión, una opción menos sostenible y cada vez más costosa. Las autoridades y operadores coinciden en que sin inversión urgente y medidas de coordinación transfronteriza, el transporte ferroviario corre el riesgo de perder definitivamente su papel estratégico.
Tabla resumen de la situación ferroviaria
| Elemento | Situación actual |
|---|---|
| Operatividad ferroviaria | Colapsada en ejes principales del norte europeo |
| Alternativas logísticas | Principalmente transporte por carretera |
| Causas principales | Obras, falta de coordinación y mantenimiento deficiente |
| Consecuencias para exportadores | Costes al alza y pérdida de competitividad |
| Respuesta institucional | Limitada e insuficiente hasta el momento |
Qué ha fallado en el sistema ferroviario
Varios factores coinciden para explicar el caos actual en el transporte ferroviario europeo. El primero y más evidente es el impacto de numerosas obras en curso en toda la red. Aunque necesarias para modernizar infraestructuras, estas intervenciones han sido mal planificadas, sin alternativas de desvío claras ni coordinación entre países. La interconexión ferroviaria, en teoría uno de los grandes logros europeos, falla precisamente en los enlaces transfronterizos entre Francia, Alemania, Bélgica y los Países Bajos.
A esto se suma una preocupante falta de personal técnico y maquinistas, además de una gestión operativa fragmentada que complica la circulación fluida de mercancías. Empresas como Renfe o SNCF se ven obligadas a cancelar servicios o a aceptar itinerarios mucho más largos de lo habitual, con los consiguientes retrasos.
El impacto para los exportadores españoles
Empresas agroalimentarias, logísticas e industriales que comercian con Europa central y septentrional a través del ferrocarril están viendo afectadas sus operaciones de forma significativa. En particular, sectores como el hortofrutícola, que recurren al tren para envíos ecológicos y económicos a Alemania y Países Bajos, denuncian la pérdida de millones de euros ante la paralización o el deterioro de los tiempos de tránsito.
“Ya no podemos garantizar entregas en 48 horas como antes. Nuestros camiones tienen que asumir rutas que antes cubría el tren, lo que eleva los costes en un 30%.”
— Marta Gil, directora logística de exportaciones agrícolas
Otro caso destacado es el de los componentes industriales fabricados en el corredor Mediterráneo, cuyo acceso hacia Europa del norte se ha ralentizado de forma considerable. La falta de capacidad confiable obliga a muchas empresas a regresar al camión, lo que contradice los planes de descarbonización del transporte impulsados por la Unión Europea.
El camión no puede asumirlo todo
Lejos de ser una solución estructural, el retorno al transporte por carretera representa un parche costoso e insostenible. Empresas y expertos lo reconocen: el camión es más caro, contaminante y presenta limitaciones cada vez mayores como la escasez de conductores, la regulación de tiempos de descanso y las restricciones para circular en festivos o zonas urbanas.
A nivel ambiental, además, resulta contraproducente retroceder hacia un modelo de distribución más contaminante. Cuando el tren deja de ser viable, se complica no solo la eficiencia económica sino el cumplimiento de los objetivos climáticos europeos.
“Una cadena logística moderna no puede prescindir del tren. Volver al camión supone dos pasos atrás en sostenibilidad.”
— Andrés Moreno, analista en movilidad sostenible
Obras, falta de coordinación y cuellos de botella
Uno de los principales puntos de congestión en la red europea es Karlsruhe, en Alemania, donde las obras inacabadas desde 2023 han creado un embudo logístico sin precedentes. Varias rutas esenciales que conectan el sur de Europa con Alemania o Europa central están ahora colapsadas o sujetas a desvíos que multiplican el tiempo de tránsito.
Además, la falta de interoperabilidad técnica entre sistemas ferroviarios nacionales —como ancho de vía, señalización o normas de circulación— frena la automatización y simplificación del transporte de mercancías por tren. Los convoyes que cruzan fronteras deben cambiar maquinista, locomotora o incluso detenerse horas en puntos intermedios.
Iniciativas políticas y empresariales para revertir la situación
Varios organismos europeos han comenzado a estudiar soluciones, pero la escala del problema requiere medidas más estructurales. Algunas propuestas incluyen la creación de corredores prioritarios, sistemas de información compartida en tiempo real y subsidios específicos para fomentar la resiliencia del tráfico ferroviario.
Las asociaciones empresariales exigen un “Plan Marshall” para el ferrocarril, similar al que en su momento transformó las autopistas. Invertir masivamente en la red, digitalizar procesos y mejorar la interoperabilidad son los tres pilares que se plantean como urgentes.
“El futuro del comercio europeo pasa por el tren. O invertimos en infraestructura y coordinación o perderemos competitividad global.”
— Elena Martín, portavoz de asociación de operadores ferroviarios
Tabla de ganadores y perdedores
| Ganadores | Perdedores |
|---|---|
| Empresas de transporte por carretera | Exportadores ferroviarios españoles |
| Fabricantes de vehículos diésel | Objetivos climáticos europeos |
| Empresas de logística compleja y flexible | Pequeños productores agroalimentarios |
Perspectivas a medio y largo plazo
Expertos coinciden en que la situación actual es una llamada de atención definitiva. El ferrocarril no puede seguir siendo el “plan B” del transporte en Europa, sino que debe integrarse como columna vertebral del sistema logístico continental. Para ello, será necesario replantear prioridades presupuestarias, simplificar normativas y apostar, con decisión, por una red transeuropea moderna y robusta.
“La ventana de oportunidad es ahora. Si no se actúa en los próximos 2 o 3 años, muchas rutas quedarán abandonadas.”
— Luis Carrera, ingeniero de transporte internacional
Preguntas frecuentes sobre la crisis ferroviaria en Europa
¿Por qué hay un colapso en el transporte ferroviario hacia Europa?
La combinación de obras mal planificadas, falta de coordinación entre países, escasez de personal y problemas estructurales ha provocado un deterioro de la operatividad ferroviaria, especialmente en rutas clave hacia el norte de Europa.
¿Qué sectores son los más afectados por este colapso?
Agricultura, alimentación, industrial y logística transnacional. Especialmente afectados están los exportadores españoles a Alemania, Francia, Holanda y Bélgica.
¿Qué soluciones se están proponiendo?
Mejoras en interoperabilidad, inversión en infraestructura común, creación de corredores prioritarios y subsidios al transporte ferroviario de mercancías.
¿El transporte por camión puede asumir toda la carga?
No. El camión tiene limitaciones económicas, ambientales y de personal. No es una alternativa sostenible a largo plazo.
¿Cómo afecta esta situación a los objetivos climáticos de Europa?
Negativamente. El retorno al camión implica más emisiones y aleja a Europa de sus metas de neutralidad climática previstas para 2050.
¿Cuándo se espera una solución definitiva?
Dependerá de la rapidez en la toma de decisiones políticas y presupuestarias. A corto plazo, se espera una mejora para 2025 si empiezan las inversiones ya.