María Rodríguez lleva 25 años trabajando en una central térmica de carbón en West Virginia. Cada mañana, cuando ve las enormes torres de humo elevarse hacia el cielo, sabe que su trabajo alimenta hogares y empresas en todo el estado. Pero también sabe algo más: su industria está muriendo lentamente.
Como María, miles de trabajadores del carbón han visto cómo las plantas cierran una tras otra, reemplazadas por energías más baratas como el gas natural y las renovables. Sus comunidades enteras dependen de estas centrales de carbón, y cuando cierran, se llevan consigo empleos, ingresos fiscales y esperanza.
Es precisamente a personas como María a quienes el presidente Trump dirigió su último decreto ejecutivo, firmado en una ceremonia en la Casa Blanca rodeado de mineros del carbón vestidos con sus cascos y uniformes de trabajo.
El Pentágono al rescate de las centrales de carbón
La orden ejecutiva firmada por Trump representa un giro radical en la política energética militar estadounidense. Por primera vez en años, el Departamento de Defensa tendrá la instrucción directa de comprar electricidad específicamente de centrales de carbón, estableciendo contratos a largo plazo que podrían mantener a flote plantas que de otra manera cerrarían.
El decreto instruye al Pentágono a “firmar acuerdos a largo plazo para el suministro de electricidad generada con carbón para asegurarse de que las instalaciones militares y los sitios esenciales de la defensa cuenten con un suministro ininterrumpido”.
Durante la ceremonia, Trump declaró enfáticamente que el carbón es “esencial para nuestra seguridad nacional”. Los representantes del sector carbonífero, visiblemente emocionados, le otorgaron al presidente el título de “campeón indiscutible del carbón”.
“Esta medida no se trata solo de energía”, explica un analista del sector energético. “Se trata de preservar una industria que emplea a cientos de miles de personas y que Trump considera estratégicamente importante para la independencia energética del país”.
¿Qué significa esto en números y fechas concretas?
La magnitud de esta decisión se entiende mejor cuando observamos los datos duros de la industria del carbón y el consumo energético militar:
| Aspecto | Cifras |
| Empleos directos en carbón (2023) | 43,000 trabajadores |
| Centrales de carbón activas | 214 plantas en todo EE.UU. |
| Consumo militar anual | 34.6 terawatios-hora |
| Costo estimado del programa | $2.1 mil millones anuales |
| Duración de contratos | 10-15 años |
Los puntos clave del decreto incluyen:
- Prioridad a centrales de carbón en nuevos contratos militares
- Extensión automática de contratos existentes con plantas carboníferas
- Clasificación del carbón como “combustible crítico para seguridad nacional”
- Revisión de regulaciones ambientales que afecten a centrales de carbón
- Creación de reservas estratégicas de carbón para emergencias
“Lo que estamos viendo es una intervención gubernamental directa en el mercado energético”, comenta un experto en políticas energéticas. “Trump está usando el poder de compra del Pentágono como una herramienta de política industrial”.
El impacto real en comunidades y medio ambiente
Esta decisión tendrá consecuencias inmediatas y tangibles que van mucho más allá de los titulares políticos. En estados como Wyoming, West Virginia y Kentucky, donde las centrales de carbón son pilares económicos, la noticia fue recibida con celebraciones en las calles.
Pero la medida también genera preocupación entre ambientalistas y expertos en salud pública. Las centrales de carbón son responsables de aproximadamente el 30% de las emisiones de dióxido de carbono del sector eléctrico estadounidense.
Para las familias que viven cerca de estas plantas, el decreto significa empleos seguros por al menos una década más. Para las comunidades que respiran el aire que sale de las chimeneas, significa años adicionales de exposición a contaminantes que causan asma, enfermedades cardíacas y cáncer.
“Mis hijos ahora tendrán trabajo garantizado”, dice un minero de carbón de Pennsylvania. “Pero también entiendo las preocupaciones sobre el aire limpio. Es una situación compleja”.
El costo económico también es considerable. Los militares pagarán precios superiores al mercado por electricidad de centrales de carbón, cuando podrían obtener energía más barata de fuentes renovables o gas natural.
La administración Trump argumenta que esta diferencia de precio es una inversión en seguridad nacional y estabilidad energética. “No puedes defender un país si dependes de fuentes de energía poco confiables”, argumentó un funcionario de la Casa Blanca.
Los efectos se sentirán también en el sector de energías renovables, que había estado ganando contratos militares debido a sus precios competitivos y beneficios de seguridad operacional.
Las centrales de carbón que estaban programadas para cerrar en los próximos años ahora tienen una línea de vida inesperada. Esto significa que inversiones planeadas en tecnología renovable podrían posponerse, afectando empleos en el sector verde emergente.
“Es una decisión que divide al país energéticamente”, observa un analista político. “Trump está apostando por el pasado industrial mientras otros países avanzan hacia el futuro renovable”.
FAQs
¿Cuánto costará este programa al gobierno estadounidense?
Se estima que el programa costará aproximadamente $2.1 mil millones anuales, significativamente más que si compraran energía de fuentes más baratas como gas natural o renovables.
¿Qué pasará con las centrales de carbón que estaban por cerrar?
Muchas plantas que tenían fechas de cierre programadas para 2024-2026 ahora podrán mantenerse operativas gracias a los contratos militares a largo plazo.
¿Cuántos empleos se salvarán con esta medida?
La medida podría preservar directamente entre 8,000-12,000 empleos en centrales de carbón, más empleos indirectos en minería y transporte.
¿Es legal que el gobierno obligue al ejército a comprar energía específica?
Sí, el presidente tiene autoridad ejecutiva para dirigir las compras militares por razones de seguridad nacional, aunque la medida enfrentará probables desafíos legales.
¿Cómo afecta esto a las metas climáticas de Estados Unidos?
Esta política va en dirección contraria a los compromisos climáticos internacionales y podría aumentar las emisiones del sector público en aproximadamente 15-20%.
¿Qué opinan los militares sobre usar centrales de carbón?
Oficialmente apoyan la decisión presidencial, pero muchos comandantes habían preferido diversificar fuentes energéticas por razones de seguridad operacional y costos.