En los últimos años, la inflación de los alimentos ha impactado de manera desigual a la población, exponiendo una dura verdad: los hogares más pobres están pagando, en proporción, mucho más que los ricos por llenar su despensa. Esta situación no sólo refleja desigualdad económica, sino también un sistema de consumo que profundiza las brechas sociales existentes. Mientras que los sectores de altos ingresos tienen más opciones para proteger su poder adquisitivo, como comprar en grandes cantidades, acceder a descuentos o ir a supermercados mayoristas, los grupos más vulnerables poseen menos herramientas para defenderse frente al aumento de precios.
Este fenómeno, conocido por expertos como “inflación regresiva”, afecta con mayor intensidad a quienes destinan un porcentaje más elevado de sus ingresos a necesidades básicas como la alimentación. La suba del precio de los productos esenciales impacta directamente sobre su capacidad de mantener una dieta nutritiva y equilibrada. Los efectos no son solo económicos, sino también nutricionales y sociales. Se crea así un círculo vicioso donde la pobreza alimenta aún más desigualdad. Tal como indica el último informe de INDEC, los pobres no sólo pagan más en términos relativos, sino también en términos absolutos si se consideran los formatos de compra y acceso a precios cuidados.
Principales datos sobre la inflación alimentaria y su impacto en cada sector
| Aspecto | Situación actual |
|---|---|
| Crecimiento de precios de alimentos | Más del 300% acumulado en tres años |
| Participación del gasto alimentario en hogares pobres | Supera el 40% del ingreso total |
| Participación del gasto alimentario en hogares ricos | Menos del 15% del ingreso total |
| Impacto relativo de la inflación | Hasta el doble para sectores vulnerables |
| Posibilidades de acceder a precios más bajos | Limitadas en barrios populares |
Por qué los hogares pobres pagan más por los mismos alimentos
Esta injusticia alimentaria se explica a través de varias variables. En principio, los hogares de menores ingresos suelen habitar en zonas donde hay menos competencia entre supermercados, lo que encarece los productos. Además, la falta de movilidad o el alto costo del transporte limita sus opciones de desplazamiento para acceder a ofertas en zonas más alejadas.
En muchos casos, los pobres compran en pequeños comercios de cercanía, donde los precios suelen ser hasta un 25% más altos que en cadenas mayoristas o hipermercados. Otro punto fundamental es que, al no contar con recursos suficientes, estas familias compran en pequeñas cantidades, perdiendo así la posibilidad de acceder a descuentos por volumen.
Las personas pobres no sólo gastan más en proporción, sino que acceden a productos más caros y de menor calidad.
— Ana Suárez, Economista en Políticas SocialesAlso Read
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La canasta básica y su efecto multiplicador sobre los más vulnerables
El aumento constante de la canasta básica de alimentos repercute inmediatamente sobre los indices de pobreza e indigencia. En enero de 2024, la oficina oficial de estadísticas reportó que el valor de la canasta básica total superó los $500.000 mensuales para una familia tipo. Esto significa que cualquier hogar con ingresos por debajo de ese umbral es considerado pobre.
El problema se agrava cuando se reconoce que más de la mitad del total de la canasta está compuesta por alimentos. Con una inflación acumulada del 55% solo en el primer trimestre del año, se vuelve prácticamente inalcanzable para millones de personas. No comer lo suficiente, reemplazar proteínas por harinas o eliminar frutas y verduras de la dieta son algunas consecuencias inmediatas.
Cuando sube la leche o el pan, el impacto es directo y cruel. No hablamos de consumo suntuario, hablamos de necesidad básica.
— Rodrigo Herrera, Director de ONG alimentaria
¿Por qué los ricos sienten menos el efecto de la inflación?
En contraste con los sectores más pobres, los hogares de altos ingresos tienen múltiples herramientas de defensa frente al avance inflacionario. Planifican sus compras, acceden a promociones bancarias o viajan a zonas con mejores precios. Además, sus gastos están más diversificados, lo que reduce el peso relativo de los alimentos en su presupuesto global.
También suelen consumir productos en formatos familiares o grandes presentaciones, lo que abarata el precio por unidad. Por último, utilizan más frecuentemente servicios de membresía, tarjetas con reintegros y monitorizan precios online para comparar antes de comprar, algo que está fuera del alcance cotidiano de los estratos más humildes.
Ganadores y perdedores del modelo actual de consumo alimentario
| Grupo | Condición |
|---|---|
| Hogares con ingresos altos | Acceden a más descuentos e información |
| Hipermercados y cadenas mayoristas | Aumentan ventas con volumen y fidelización |
| Hogares de bajos recursos | Pagan más y tienen menos acceso a calidad |
| Comercios de barrio sin escala | Limitados para ofrecer precios competitivos |
El rol del Estado frente a esta distorsión
Los programas de control de precios o productos esenciales con valores regulados han tenido presencia intermitente en los últimos años, pero su efectividad depende de cuán accesibles sean para la población más vulnerable. De poco sirve ofrecer una canasta básica rebajada si esta no se encuentra en los comercios de cercanía o si se agota rápidamente.
El diseño de políticas públicas debe priorizar la equidad territorial y socioeconómica. No se puede pelear contra la inflación solo desde las góndolas del hipermercado.
— Mariana Toledo, Consultora en Acceso Alimentario
Al respecto, también se destaca la necesidad de mejorar la logística de distribución, fomentar mercados de abasto regionales y coordinar con municipios para detectar zonas con sobrecosto alimentario. Además, se vuelve crucial revisar el sistema de subsidios y transferencias monetarias para garantizar que el refuerzo llegue a quienes más lo necesitan y no quede absorbido por la inflación misma.
Cómo actuar como consumidor informado
Frente a esta realidad, algunos consejos pueden ayudar a optimizar las compras alimentarias, incluso en contextos adversos:
- Planificar las compras semanales con lista exclusiva para evitar compras impulsivas.
- Comparar precios entre comercios de cercanía y aprovechar mercados locales.
- Comprar por unidad de medida para evaluar el costo real de los productos.
- Armar redes comunitarias o vecinales para compras conjuntas que permitan negociar mejores precios.
- Participar en grupos de trueque o ferias barriales con productos frescos y accesibles.
Preguntas frecuentes sobre la inflación alimentaria y su impacto
¿Por qué los pobres pagan más por los mismos productos?
Porque suelen comprar en pequeños comercios con márgenes más altos, sin acceso a promociones ni descuentos por volumen.
¿Qué porcentaje del ingreso destinan los hogares pobres a comidas?
En promedio, más del 40%, lo que representa una carga considerable sobre su economía mensual.
¿Qué alimentos subieron más este año?
Los productos básicos como pan, leche, arroz, frutas y verduras lideran las subas con aumentos cercanos al 60% en solo 4 meses.
¿Los planes sociales alcanzan para cubrir la canasta básica?
No. En la mayoría de los casos, las transferencias sociales no cubren ni el 50% de la canasta alimentaria mensual por persona.
¿Qué se puede hacer para pagar menos?
Organizar compras comunitarias, aprovechar ferias barriales, consumir productos de estación y sustituir marcas líderes por alternativas más económicas.
¿El Estado tiene herramientas para frenar esta inequidad?
Sí. Puede regular precios estratégicos, expandir redes de distribución popular y mejorar la asistencia focalizada en zonas críticas.